9 novembre 2016

Une vieille maison d’hôtes en Provence – El Mueble

Compraron esta antigua casa para empezar una nueva vida con sus hijos. Y hoy, esta casa amurallada del siglo XVIII resplandece con todo el encanto del pasado en un pueblo de postal.

La mudanza fue épica y supuso cargar con muebles, dos niños, un perro y una gata, cruzando media Francia desde Troyes, al este de París, hasta Saint-Rémy-de-Provence, en el sureste del país. “Queríamos cambiar de vida y compartir más tiempo con nuestros hijos, en un clima más cálido”, cuenta Myriam Fourton, propietaria de esta belleza amurallada con más de tres siglos de historia. La casa está junto al centro de Saint-Rémy, la ciudad de postal que encandiló a pintores impresionistas y ahora a millones de turistas que cada año siguen sus huellas.

Pensada para acoger

“Era una casa de huéspedes de inspiración marroquí y la redecoramos en estilo provenzal, con paredes de color beige y muebles de la zona o hechos por Louis, mi marido, que es ebanista y ha montado su taller al lado. Yo gestiono la casa y organizo exposiciones de arte en el invernadero”. Para acoger a los huéspedes, el salón comedor tiene confortables sofás frente a la chimenea, una gran mesa redonda donde Myriam sirve sus crepes, gofres y mermeladas caseras, y la cocina abierta, para poder ver cómo los prepara. Arriba están dos dormitorios para los clientes, y en otra ala, su casa. En el jardín hay cinco casitas para huéspedes, también con suelos de barro, contraventanas de madera y colchas campestres. El cuidado jardín de rosas y el encantador rincón bajo la pérgola destilan el cariño de Myriam y Louis por esta casa en la que han empezado una nueva vida. Por eso la casa y la ebanistería llevan el nombre de los niños, sus dos grandes amores: “La Maison de Line” y “L’Atelier d’Hector”.

Nueva vida: Un hogar abierto al mundo

La vieja casa de huéspedes se ha convertido en la nueva “Maison de Line”, que alberga una casa principal de piedra, con dos dormitorios en régimen de alojamiento y desayuno, y cinco casitas independientes que dan a un jardín central con una pérgola y un invernadero.

Comunicados: De la cocina al comedor y al salón

Una amplia abertura comunica cocina y comedor, creando una gran zona común que permite a los huéspedes disfrutar de la cocina. Una gran isla de madera, con puertas de celosía y estantes para libros, delimita ambos espacios, que comparten los mismos tonos neutros y ese delicado aire clásico.

Dormitorios: Jugar con las telas
 y la pintura

Los dormitorios se han decorado con la misma delicadeza que el resto de la casa. Para lograrlo se han pintado las puertas en color malva y los muebles antiguos (cabecero, mesitas y escritorio) en un tono crema a juego con la pared. Con las telas y las colchas de flores, el resultado no puede ser más romántico.

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